No está permitido el uso del botón derecho del ratón.

Salir de Mohabidoo, Maldivas.

corales

Estoy a más de 80 millas de la capital de Maldivas, Male. En unas horas tengo que alcanzar esa isla de 1km de largo y mega poblada, pues la habita un tercio de la población total. Se trata de un trozo de tierra sobreexplotada, donde han construido tanto que su realidad dista mucho de las idílicas playas que vemos en las revistas o postales.

Son las 23:00 y no consigo pegar ojo. Algunas personas están disfrutando de la última noche en la isla local de Mahibadoo, así que decido irme a dar una vuelta por la diminuta isla. Hace fresco y pienso que caminar me sentará bien.

Hay grupos de adolescentes vagueando por las arenosas calles, algunas cubiertas de charcos blancos por el color de la gruesa arena. Sin rumbo fijo llego hasta la bahía, lugar donde tiene que llegar el ferry para transportarnos.

Me cruzo con algunos hombres que pasean, tienen la tez oscura, sus rasgos hablan de muchos días al sol.  Sin darme cuenta he llegado a una construcción con forma cónica, sin paredes, y las omnipresentes tumbonas de Maldivas, generalmente colgadas de una rama, esta vez están apoyadas sobre unas patas en el suelo. Es un buen lugar para descansar hasta la 1:00 am, que es cuando tenemos que estar en el muelle para subir a nuestra barcaza.

La brisa es fresca, pero aun así no hace frío. Pese al ser una isla pequeña, muchos locales tienen moto. Dicen que es porque se aburren y la verdad es que no me extraña, ya que no tienen muchas opciones de diversión. Los veo pasar de un lado a otro mientras disfruto de mi soledad.

Ha llegado la hora de marcharse. Cargamos las mochilas en un pequeño carro, el cual será empujado por un local, y partimos hacia el muelle.

El barco mide unos 12 metros de eslora, tiene dos cubiertas y es de madera. Nos indican que subamos a la parte de arriba, donde se va más cómodo.

Alcanzamos la cubierta superior con la ayuda de una escalera de madera bastante empinada. Hay un habitáculo con techo, pero no hay puertas, y hay colchonetas en el suelo, además de unas mugrientas almohadas y unos pareos en igual estado. Estoy tan cansado que dejo mi mochila, acomodo mi catre e intento descansar lo máximo. Me esperan 2 horas hasta que zarpe el barco y 4 más para llegar a Male.

En ese momento me viene a la mente los inmigrantes que intentan cruzar el estrecho en patera. Soy consciente de que no puedo compararme con ellos, pues yo estoy subido a ese barco por placer, no voy a cometer ninguna ilegalidad y me encuentro en unas condiciones infinitamente mejores que ellos. No obstante, siguen acudiendo a mi cabeza imágenes de cómo debe ser su experiencia. Unos junto a otros, esperamos tumbados el momento de comenzar la travesía, anhelando que no sea movidita.

Me ha sido imposible dormir, ni tan siquiera un poco. Un ir y venir de gente no me ha permitido descansar, hasta que por fin son las 3:00 y zarpamos.

La colchoneta es tan fina que al dormir de lado los huesos de la cadera se clavan contra el suelo. Llevo despierto desde las 6:40 del día anterior, hora a la que teníamos que haber disfrutado de la excursión para ver al manso tiburón ballena. Pero no pudo ser, caía una fuerte lluvia y hubiera sido tirar el dinero.

Hay familias con hijos que también hacen esta travesía. Son de Maldivas y se nota que no es su primera vez, pues llevan mantas y una sábana para aislarse de la colchoneta.

Pasan las horas, mi cuerpo ha descansado algo, suficiente para seguir despierto unas horas más.  Noto gotas de agua en la cara, debe ser lluvia. Abro los ojos y compruebo que estoy en lo cierto. Me encuentro en el borde del habitáculo que linda con el exterior y mi camiseta se está mojando, pero no tengo posibilidad de moverme hacia adentro, así que cojo mi chaqueta impermeable y la coloco intentando cubrir la mayor superficie de mi cuerpo. Los pies se están entumeciendo y si la lluvia no para, acabaré empapado, ya que por la cubierta empezará a correr agua y soy el primero al que le va a llegar.

Son las 6, ha dejado de llover y el balance de superficie mojada de mi cuerpo es positivo. Podré aguantar.  Ya ha amanecido, mi ropa esta húmeda y mi cuerpo dolorido. Decido moverme hasta la proa y contemplar el paisaje desde allí.

Por fin veo la isla de Male. Solo queda una hora para alcanzar tierra firme y poner fin a esta aventura, que a su vez dará comienzo a otra, eso seguro.

Voy oteando el horizonte con la esperanza de ver delfines, ballenas o algo digno de recordar. Qué grata sorpresa cuando al mirar hacia estribor veo un grupo de delfines saliendo a superficie a respirar. Deben ser unos 5 o 6.

A las 7:00 finalmente alcanzamos el puerto. El viaje en barco acabó, una aventura más vivida y un precioso recuerdo…. El grupo de delfines.

morena Mohabidoo corales Pez payaso Mohabidoo Mohabidoo

Nota. Para este viaje llevé la cámara Sony Nex 6. Dicha cámara no se comporta bien en condiciones de baja luminosidad, así que no realicé fotos de ese día.

(Texto escrito en 2014)

Published by

Leave a comment