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Recuerdos de Kanchanaburi, Tailandia.

Kanchanaburi

Hace ya ocho años que estuve por primera vez en Tailandia. Recuerdo que me impactó. Olores mezclados, tanto agradables como nauseabundos, gente por todos lados, edificios enormes y una gran sonrisa en la cara de sus gentes.

Kanchanaburi está a 3 horas y media en bus desde la capital y resulta indispensable informarse bien desde qué estación salen los autobuses hacia la ciudad, ya que hay varias.

Puente sobre el río Kuai

El famoso puente sobre el río Kwai

Cuando llegué a Kanchanburi lo primero que hice fue dejar la maleta, alquilar una moto e irme en busca del templo donde había leído que vivían unos monjes que cuidaban de unos tigres. ¡¡¡Tigres!!! Sí, sí, has leído bien. Nunca antes había visto a uno en libertad y solo la idea me fascinaba. Aunque aquí no los vería libres, sí los disfrutaría en «semi» libertad.

Tras recorrer la carretera con la moto durante 40 minutos por fin alcancé el templo. Aunque tuve la mala suerte de encontrarlo cerrado, me informaron de que existía la posibilidad de reservar una actividad en la que podría disfrutar de estos animales de una manera más íntima (acudían menos turistas) y más tranquilamente.

Se trataba de mucho dinero, pues pedían 100€ por persona, pero en mi opinión bien merecía la pena, así que reservé para el día siguiente. A las 7:00 a.m. me presenté ante las puertas del templo, pagué mi entrada y nos condujeron hacia una sala en la que tomamos asiento mientras los monjes iban apareciendo. Tanto yo como el resto de personas que compartían la actividad conmigo ofrecimos comida a los monjes.

Tras pasar un rato en compañía de los monjes, nos llevaron a una estancia de techos de madera y allí volvimos a sentarnos, despojándonos de nuestros zapatos. Al poco, empezaron a aparecer los pequeños tigres, a algunos todavía les daban biberón.

raul tigre

El bebé

¡Fue una experiencia espectacular! ¡Increíble! ¡Alucinante! Tener la gran oportunidad de sostener a esos cachorritos sobre tu regazo es algo que no se puede expresar con palabras.

Acto seguido nos fuimos a jugar con otros de mayor tamaño. Gracias a unos palos, donde en el extremo más alejado había colgada una bolsa de basura negra, podíamos jugar con ellos. Les hacíamos saltar intentando dar caza a la bolsa y alguno lo conseguía. Se comportaban como gatos gigantes, encogiéndose y agachándose, recogían sus patas y saltaban para intentar cazar la bolsa.

tigre

Un gato gigante

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A punto de saltar

Después del juego, tocaba el baño. Vinieron otros tigres y los bañamos con agua. Para mi sorpresa, aunque se tratase de felinos, disfrutaban del baño. Cuando acabamos les dimos de comer carne hervida con la mano. Es verdad que la primera vez me sorprendió, pues no estaba muy convencido de lo que iba a hacer. Tras contemplar esas enormes mandíbulas y sus afilados dientes, no me inspiraban mucha confianza, ¿quién me aseguraba que no cogerían también mi mano junto a la carne hervida? De nuevo para mi asombro, debo reconocer que fueron extremadamente delicados cogiendo la carne, igual que un perro cuando come de tú mano, que ni siquiera te roza.

tigre

Bañando al felino

Tras la alimentación, en compañía de un monje, paseamos al más grande, que casi me llegaba a la cintura.

Esta fue mi experiencia con los tigres en Kanchanaburi, mucho más agradable que la que experimenté en el reino de los tigres, en Chian Mai. Una basura vomitiva que no aconsejo a nadie.

En este templo los animales aparentan estar perfectamente y «gozan» de relativa tranquilidad. Es más, me aseguraron que los animales que estaban por la mañana con los turistas, no estaban por la tarde con los que tenían que llegar. Les daban descanso.

De hecho, aunque por la tarde también entraban turistas, no se seguía el mismo ritual. Ni les duchabas, ni jugabas, ni tenías la opción de darles biberón.

Si tenéis más tiempo en Kanchanaburi os recomiendo encarecidamente que os deis un chapuzón en Erawan. Unas cascadas de agua fría donde podremos refrescarnos y pasar medio día.

Kanchanaburi

Están a unos 30 minutos en moto desde la ciudad y lo mejor de todo es que son gratis. Están rodeadas de selva y dentro del agua hay unos peces enormes que nos irán mordiendo si nos quedamos mucho tiempo quietos. No os preocupéis, no son peligrosos.

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