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Mercado nocturno en Chiang Mai, Tailandia.

Mercado tailandia

Chiang Mai es una ciudad al norte de Tailandia. Situada a 1h45min en avión o a 9 horas en autobús desde Bangkok, es el lugar al que acuden muchos turistas y viajeros en busca de la paz y la tranquilidad de las que la capital carece.

Entre la cantidad de actividades que hacer, como puede ser disfrutar de diferentes trekkings, visitas a tribus, paseos en elefante o bañar a “feroces” tigres, podemos también disfrutar visitando una gran cantidad de templos, cursos de cocina tailandesa o los estupendos masajes que por 200 Bah, unos 5€ al cambio, nos darán durante una hora.

tailandia

Disfrutando del turístico paseo en elefante.

 Pero os voy a hablar de otra atracción y de los personajes que en ella interactúan: el mercado nocturno de Chiang Mai.

 El mercado se monta y se desmonta cada noche. Cuando empieza a anochecer van apareciendo los puestos de fruta, pinturas, fundas para móviles, pulseras, frutos secos y un sin fin de objetos más realizados a mano.

Mercado tailandia

Un mercado donde no debemos desaprovechar la oportunidad de degustar la comida.

Las aceras de las dos calles donde se monta el mercado están abarrotadas. Muchos puestos se repiten, con precios similares. Si te paras en uno, en seguida se levanta el vendedor y te pregunta en qué estás interesado.

Mientras voy andando voy fijándome en la fauna que por el mismo deambula.

Un grupo de japoneses va disparando a todo lo que se mueve con sus flamantes y nuevos modelos de cámara. Es normal en ellos, siempre que los veo van en grupo y llevan sus enormes o diminutas cámaras colgadas. No tienen término medio, o exageradamente grandes, o realmente pequeñas.

Veo muchas chicas, extranjeras, de entre 18 y 22 años. Pasean con sus preciosos vestidos cortos y ajustados, bien maquilladas y con bolsos a juego. Me da la impresión de que ni siquiera en una ciudad donde reinan las chanclas, los pantalones bombachos y los pareos pueden dejar de ser divas. Una vez más, el mundo entero parece avanzar a marchas forzadas hacia el capitalismo.

Los chicos tampoco se quedan atrás. Camisetas sin mangas que dejan entrever el último tatuaje realizado en la ciudad, gorras, pantalones cortos y chanclas. Una moda que les obliga a cuidar cada detalle que cuelgan en la «percha» que llevan por cuerpo: el típico «arreglado pero informal». Siempre atentos a la mirada de cualquier fémina a la que puedan impresionar con sus músculos.

mercado tailandia

Luces de colores estupendas para nuestro chill-out.

 Ambos grupos, chicas y chicos, van paseando por el mercado, aunque creo que sería más correcto apuntar que lo que están haciendo es pavonearse y buscar posibles víctimas con hormonas revolucionadas. En el sur de Tailandia se pusieron de moda las fiestas en la playa, la más conocida es la Moon Party. Pero poco a poco, esta corriente de jóvenes que se meten en un avión durante 10 horas, o 6h si vienen de Oceanía, para irse de fiesta a un lugar remoto, se está extendiendo también hacia el norte del país.

Pero volviendo al mercado, los puestos de fruta desecada me llaman. Debo reconocer que siento debilidad por este tipo de alimento azucarado. Me acerco a uno donde hay 4 mujeres llenando bolsas de plástico con diferentes frutas. Veo una fruta que no reconozco, le pregunto qué es y me dice que es frambuesa. Nunca he probado la frambuesa desecada, por lo que antes de decidirme a comprar le pregunto si puedo hacerlo. Ella sin ni siquiera levantar la cabeza de su tarea me dice que sí. ¡El sabor es verdaderamente buenísimo! Sólo hablar de frambuesas azucaradas se me hace la boca agua. Intento comprarle una bolsa, pero por más que le pregunto qué cuesta no levanta la cabeza y no me contesta. Al quinto intento desisto y me marcho. Una lástima.

Los precios de los objetos que aquí venden son más baratos que en Nepal. En Nepal pude comprar bolsitos realizados a mano, según los vendedores claro, por unos 80 céntimos de euro mientras que en Chiang Mai,  idénticos, realizados a mano también, por supuesto, no llegaban a 50 céntimos.

En este mercado también me encuentro con los extranjeros más curtidos, que visten un poco más acorde con el lugar donde están: ropas que venden en cualquier puestecillo, colores vivos, pantalones anchos, chanclas, o incluso los hay que van descalzos, con rastas y barbas de meses. Sin embargo, no encuentro que lleguen a encajar en este lugar. Mi sensación es que esta gente acude a Tailandia para alejarse del estrés de las urbes europeas, norte americanas o de Oceanía, y conseguir una vida más tranquila y con menos cosas. Este mercado, a día de hoy, no es más que un lugar donde el turista compra y el local vende, no existe el trueque entre locales.

Mercado tailandia

Los típicos peces que te «limpian» la piel  muerta de los pies.

Mercado tailandia

Reflejo en el río.

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