sábado, 19 de marzo de 2016

10-Con Gea a Unawatuna


Pasados esos días volvimos a la isla de Sri Lanka. Nada más aterrizar nos despedimos de nuestra amiga Cris. Pasado el control de pasaportes, conocimos a Gea, una madrileña que venía de trabajar en Nueva Zelanda y que iba recorriendo camino hacia casa. (Después de 1 año, todavía no ha llegado, jejeje) Ya no nos separaríamos de ella hasta nuestra vuelta a la Colombo.

Pusimos dirección a Unawatuna, en la costa Oeste de la isla. Un lugar donde la temporada estaba a punto de empezar, pero que todavía se podía estar tranquilamente.

Unawatuna es un pueblecito de pequeñas calles, la mayoría con baches y sin asfaltar, playa con fuerte oleaje, al menos durante nuestra estancia, y tiendecitas donde poder gastar el último dinero.

Pescadores en Galle

Capturas en el mercado de Galle.

En este pueblo alquilamos una moto y recorrimos la costa tanto hacia el norte, como hacia el sur. En la parte del sur es conocida por los pescadores que están unidos al fondo del mar por un palo. Es tan conocido que cuando intentamos parar para verlos en seguida salió un tipo de la nada pidiendo dinero, incluso antes de que nosotros sacáramos las cámaras, así que siguiendo mi ética, me negué a hacerles fotos.


Hacia el norte tenemos la ciudad de Galle, merece la pena entretenerse un día en su mercado, paseando por sus destartaladas calles y sobre todo, caminando por su paseo marítimo donde se encuentra un estupendo faro y una playa de arena blanca.


Respecto al alquiler de la moto, es importante fijarse bien en todos los desperfectos, más vale ser pesado, porque a nosotros a la devolución nos intentaron colar un golpe que ya tenía, menos mal que como siempre, no dejo el pasaporte como fianza.


En este lugar, una noche de vuelta después de cenar al hotel, nos encontramos a un tipo agradable que casualmente había trabajado en Mallorca. Iba con su enorme todo terreno por las calles sin asfaltar, con música flamenca, un cargamento de alcohol y derrochando dinero.

Nos quiso invitar a cenar, pero ya habíamos cenado así que nos propuso que le hiciéramos compañía. Fue una noche rara, el había sido capitán del barco de un jeque árabe que veraneaba a veces en nuestra isla, por eso la conocía bien.

Después de la cena quería que fuésemos a continuar con su marcha, incluso nos ofreció perico. A mí me pareció un tipo solitario que había hecho dinero y que había vuelto a su país a mostrarlo y sobre todo, gastarlo. Muy amable nos llevó a nuestro hotel y nos propuso al día siguiente ir con él a comer, nos haría una paella. Lástima que al día siguiente teníamos que volver a Colombo para tomar nuestro vuelo hacia casa.

Anterior                                 Inicio                               Siguiente

0 comentarios:

Publicar un comentario