jueves, 3 de diciembre de 2015

El bus de Pottuvil hasta Tangalle


 Son las 4:45. Suena la alarma que nos avisa que tenemos que separarnos de la magnífica cama del hotel Mambo en la playa de Arugam Bay.

A las 5:20 estamos en la carretera principal tras caminar cargados con las mochilas unos 300 metros. Se paran dos tuc-tuc. Negociamos el precio, 200 rupias, poco más de 1,2€ y nos dirigimos hacia Pottuvil, a unos 5km de distancia. Estamos todos dormidos.

El día anterior nos informaron que el bus hacia Tangalle salía a las 6:00. Durante el camino los conductores de los tuc-tuc nos informan de que hay un bus directo que sale a las 6:30, que no cojamos el de las 6:00 porque hay que hacer un trasbordo y tarda 2 horas más. En la estación, un tendero nos indica lo mismo.

Decidimos esperar pero al llegar las 6:00 aparece el bus y un hombrecillo nos indica que subamos, le intento explicar que esperamos el autobús que va directo a Tangalle pero me dice que no así que no dudamos en subir ya que tenemos que ir acercándonos a Matara para tomar el tren hacia Colombo al día siguiente.

Colocamos las mochilas en el habitáculo reservado para ello. Nos subimos y quedan 3 sitios, Carmen y Raquel irán de pie en el pasillo. Anto se sienta en un asiento que da al pasillo, Cris más atrás y un servidor en la primera fila en el asiento del pasillo.

La música suena a un volumen elevado. Empiezan a subir personas y se van poniendo entre las filas de asientos, parada tras parada siguen subiendo y no bajan. Empezamos a embutirnos en el espacio reducido, en pocas paradas se ocupa todo el pasillo con mujeres, niños que van a la escuela y algunos hombres.

El aire empieza a ser denso. Un olor a sudor y humo se adueña del lugar, intento respirar con dirección al suelo. Mis piernas están pegadas a 3 mujeres, mis pies están debajo de mi asiento porque no caben en otro lado. El hombre que llevo al lado, un hombrecillo de piel oscura y pelo negro, va vestido con una especie de pareo y una camisa vieja desgastada por los lavados.


Llevo 30’ en el vehículo y decido colocarme los auriculares para escuchar música.

Sigue subiendo gente, no me puedo creer que quepan tantas personas en un bus. Cierro los ojos y me concentro con la música. El olor se hace más denso.

Abro los ojos y me encuentro a una chica que me indica si puede poner su carpeta en mis piernas además de su paraguas. Es normal cuando la gente va de pie, ofrecerse en que dejen la mochila, bolso u otras cargas que lleven, encima de uno.

Antes de cerrar los ojos, aparecen dos carpetas y un paraguas más.

Sigo disfrutando de mi música, de vez en cuando oigo la del bus. Unos vídeos horrorosos van sucediéndose en la pequeña pantalla que lleva el vehículo. Algunos vídeos son de indios cantando, os podéis imaginar como son. Un tipo y una tipa buenorros poniendo ojitos, mostrando felicidad extrema en unos decorados de ensueño, mientras sus pelos ondean al viento. Algo así como el sueño americano pero en India.

De repente el olor se hace insoportable, solo puedo intentar buscar un espacio de aire con menos olor moviendo mi cuello, el resto del cuerpo está atrapado entre las personas que las tengo literalmente encima mía. Abro los ojos y estoy a menos de 20 centímetros de una axila!!! El radio de giro de mi cuello me lleva hasta un bolso que huele peor. ¡Joder! ¿Donde coño ha metido esta tía el bolso? Aguanto la respiración pero no tardo en volver a respirar. Mi olfato se ha acostumbrado así que se me hace más llevadero mi camino hacia Monaralaga.


En dos horas llegamos a la estación. Por fin podemos estirar las piernas y respirar un aire diferente, no mucho, pero al menos con otra densidad.

Aprovechamos para ir al baño y preguntar que bus es el que sale hacia Matala y para en Tangalle.

Nos señalan un bus de color blanco tintado de negro por las polvorientas carreteras.  El nombre de los lugares donde para están pegados en las ventanillas, pegatinas con diferentes formas y muchos colores están por la carrocería. Metemos las mochilas y nos subimos, en 20’ sale hacia nuestro destino.


El vehículo sale disparado de la estación. La música sigue a un volumen elevado. Los vídeos no han mejorado. Decido ponerme en la puerta de atrás, que va abierta y es donde se está mejor ya que entra bastante aire y con el ruido no se oye mucho la música. Las personas suben y bajan, el revisor va de delante atrás cobrando a los usuarios. Llega hasta nuestro lugar y le pagamos 120Lkr, no llega al euro, y me toca la barriga circularmente. Al principio me lo tomo a broma pero durante mi viaje lo repitió varias veces hasta que le tuve que decir que no me tocara además de otra vez coger su mano y tirársela contra su cuerpo.

Los viajes en bus son interminables, son vehículos sucios y polvorientos donde el ruido de la música es insoportable. Los olores son también muy fuertes, sobre todo a sudor y a no lavarse durante mucho tiempo. Algo que me sorprende es que dejan sentarse a las mujeres con niños y a los ancianos. A los turistas también los miman, en absolutamente todos los buses que pude subir, me ofrecieron sentarme en un momento u otro.

Hay un hombre cargado con su mochila y una bolsa donde parece que hay un ordenador portátil, le ofrezco dejar su portátil entre mis piernas. Con un movimiento de lado a lado con la cabeza me indica que está bien. Este gesto me tiene desconcertado, lo usan tanto para decir que si, como para decir que no…o eso me parece a mi.

Voy fijándome y cada vez se mueve más. Tiene que estar incómodo. Una mujer le ofrece coger el portátil y él accede. Acto seguido le ofrezco sentarse en mi sitio y aunque el lo rechaza yo me levanto y me pongo en la puerta, así que el gustosamente se sienta. Debía estar cansado. Me da las gracias y sonríe.

Pasa el tiempo y en cuanto me giro para ver a mis compañeras de viaje, me ofrece el sitio que le cedí gustosamente. No lo acepto ya que a él le hace más falta que a mi y yo estoy bien en los escalones de la puerta.

El conductor va a unas velocidades de infarto, toma las curvas, que al menos a m me lo parece, demasiado rápido. Me pasa por la cabeza que si volcáramos yo tendría pocas posibilidades de salir vivo al estar en los escalones de la puerta trasera. Inmediatamente me quito ese pensamiento negativo.

Compartir camino en autobús por Sri Lanka es un experiencia recomendable, algo peligrosa, pero hoy día hasta vivir en una gran ciudad lo es.

En 6 horas hemos llegado a Tangalle, ahora nos toca elegir un hotel donde descansar sobre todo nuestros oídos de la música atronadora que hemos tenido que soportar en 8 horas de autobuses.

 Pescando en la playa de Tangalle.

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