jueves, 22 de enero de 2015

5 - Disfrutando de Chiang Mai



Al día siguiente nos recogieron a las 7:00 en la puerta del hotel, algo de agradecer para no tener que movernos por nuestra cuenta.

Después de recoger a 6 turistas chinos nos enfilamos hacia el campamento de los elefantes. Durante la hora de trayecto descubrí que dos turistas eran estudiantes de español, toda una sorpresa poder comunicarme con chinos en mi idioma materno.

Nada más llegar al campamento había dos elefantes esperándonos. Una mama y su bebe. Un bebe que era enorme en comparación con cualquier bebe de otro animal.

Mamá elefante y su pequeño.

La excursión resultó ser otra “turistada” más, algo que intuía pero que no quería ver. Nos explicaron unas cuantas cosas de este hermoso animal. Resulta que comen hasta 250kg!!!! Y pueden pasar la mayor parte del día dedicando el tiempo a esa actividad.

Disfrutando de la turistada.

El lugar está rodeado de selva y vegetación por todos lados. Un pequeño riachuelo bordea la zona. Hay construido un pequeño bar donde refrescarse con alguna bebida, unas duchas para después del baño con los elefantes y una enorme charca donde estos animales se refrescan.

Al rato llegó nuestra montura, un enorme elefante con un pequeño trono para dos turistas. Delante del trono iba el adiestrados, amo o no se como denominarlo. Se acercó a un pequeño balcón y nos subimos encima. Una vez puesto el seguro del trono, el animal empezó a caminar por la ruta que se conocía de memoria.

Es una experiencia recomendable, al menos en este lugar. Durante mi viaje pude ver como otros pobres elefantes no tenían la misma suerte que estos. Un detalle que me gustó fue que mientras estábamos esperando a que llegaran los animales, vino un niño corriendo y abrazó a la madre que estaba con su hija, y esta le correspondió agarrándolo con su trompa.

Después del pequeño paseo, que me habían dicho que era de 1h, y fue de 15’, nos cambiamos de ropa, los que teníamos, y los que no, les ofrecían una. Fuimos a la charca y esperamos a que aparecieran dos elefantes grandes. Se metieron en el agua y empezaron a rociarse con el líquido con sus trompas en sus cuerpos. Acto seguido nos metimos en con ellos y empezamos a lavarlos con una especie de árbol que al mojarlo y rozarlo con su gruesa piel creaba una espuma a modo de champú. Champú es como los tailandeses lo llaman, aunque no se si realmente cumple esa función o solo es para soltar espuma.

Solo quería quitarme la "esponja"

Es genial poder interactuar con estos animales. Tocar esa piel con cuatro pelos que parecen pinchos, duros como las celdas de una escoba, la que usamos para barrer. Ver como sus ojos te miran, te cogen la mano con la trompa porque todo se lo quieren llevar a la boca, que sensación, solo pensarlo me gustaría poder tener uno en casa, jajaja.

Después de lavarlos te dan caña de azúcar para que los alimentes, si te acabas lo que te dan, puedes comprar más por 50THB. Yo entre tanta foto y querer disfrutar al máximo de los elefantes no compré más, pero si queréis contribuir a una buena causa recomiendo comprar al menos una vez. Estaréis aportando vuestro granito de arena al mantenimiento de estos animales, recordar los 250kg que necesitan a diario.

Acto seguido podemos comprar por 200THB la foto que nos habrán hecho durante nuestro recorrido.

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