jueves, 11 de diciembre de 2014

Recuerdos de Kanchanaburi






Hace ya tres años que estuve por primera vez en Tailandia. Recuerdo que me impactó. Olores, bueno y asquerosos, gente por todos lados, edificios enormes y una gran sonrisa en la cara de sus gentes.
Kanchanaburi está a 3,5h en bus desde la capital. Hay que informarse bien desde que estación salen los autobuses hacia la ciudad ya que hay varias.


El famoso puente sobre el río Kwai

Cuando llegué a Kanchanburi lo primero que hice fue dejar la maleta, alquilar una moto e irme a buscar el templo donde había leído que había unos monjes que cuidaban de unos tigres. ¡¡¡Tigres!!! nunca había visto a uno en libertad, aunque aquí no los vería libres, si los disfrutaría en semi libertad.
Tras recorrer con la moto alquilada durante 40' la carretera alcancé el templo. Por mala suerte para mi, estaban cerrando pero por suerte, me informaron que había una actividad donde podría disfrutar de estos animales con pocos turistas y más tranquilos.

Es mucho dinero, pero bien merecía la pena.

Reservé para el día siguiente. A las 7:00 estaba a las puertas del templo, y tras pagar 100€, nos sentamos en un lugar donde los monjes salían y les dábamos comida.
Después de este acto, entramos al recinto y en una estancia con techos de madera nos sentamos sin zapatos y empezaron a aparecer los pequeños tigres, muy pequeños, a algunos todavía les daban biberón.

El bebé.
Fue una experiencia espectacular, poder tener a esos cachorritos encima...no hay palabras.
Acto seguido nos fuimos a jugar con otros de mayor tamaño. Gracias a unos palos donde en el extremo más lejano nuestro había colgada una bolsa de basura negra, jugábamos con ellos, haciéndoles saltar mientras alguno cazaba la bolsa. Son lo más parecido a los gatos, como se encogían y agachaban, recogían las patas y saltaban para intentar cazar la bolsa.

Un gato gigante.

A punto de saltar.

Después del juego, tocaba el baño. Vinieron otros tigres y los bañamos con agua, para ser felinos, disfrutaban del baño. Cuando acabamos les dimos de comer carne hervida con la mano. Es verdad que la primera vez me sorprendió, no estaba muy seguro de lo que iba a hacer ya que después de ver esas enormes mandíbulas con los afilados dientes, no me inspiraba mucha confianza que no cogiera mi pequeña mano en vez de la carne. Tengo que decir que fueron extremadamente delicados cogiendo la carne, igual que un perro cuando come de tú mano, que ni siquiera te roza.

Bañando al felino.

Alimentando a la fiera.

Después junto con la compañía de un monje paseamos al más grande, casi me llegaba a la cadera.

Esta fue mi experiencia con los tigres, más agradable que la que tuve que sufrir en el reino de los tigres, en Chian Mai. Una basura vomitiva que no aconsejo a nadie.

En este templo los animales aparentan estar perfectamente, tranquilos. Es más, me dijeron que los mismos animales que estaban por la mañana con los turistas, no estaban por la tarde con los que tenían que llegar, les daban descanso.

Por la tarde también entraban turistas, pero no era lo mismo que por la mañana, no los duchabas, ni jugabas con ellos y tampoco les dabas biberón.

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