jueves, 25 de diciembre de 2014

Mercado nocturno de Chiang Mai, Tailandia.





Chiang Mai es una ciudad del norte de Tailandia. Situada a 1:45 en avión o a 9h en autobús desde Bangkok, es un tranquilo lugar donde muchos turistas y viajeros van a disfrutar de una paz y tranquilidad que la capital carece.


Entre la cantidad de actividades que hacer, como pueden ser disfrutar de diferentes trekkings, visitas a tribus, paseos en elefante o bañar a “feroces” tigres, podemos disfrutar visitando una gran cantidad de templos, cursos de cocina tailandesa o los estupendos masajes que por 200 Bah, unos 5€ al cambio, nos darán durante una hora.

Disfrutando del turístico paseo en elefante.

Pero os voy a hablar de otra atracción y de los personajes que en ella interactúan. Esta es el mercado nocturno de Chiang Mai.

El mercado se monta y se desmonta cada noche. Cuando empieza a anochecer van apareciendo los puestos de pinturas, fundas para móviles, pulseras, frutos secos, puestos de fruta, y un sin fin de objetos más realizados a mano.

Un mercado donde no debemos de dejar la oportunidad de degustar la comida.

Las aceras de las dos calles donde se monta el mercado están abarrotadas. Muchos puestos se repiten, con precios similares. Si te paras en uno, en seguida se levanta el vendedor y te pregunta en que estás interesado.

Mientras voy andando voy fijándome en la fauna que por el mismo deambula.

Un grupo de japoneses va disparando con sus flamantes modelos nuevos de cámara a todo lo que se mueve. Es normal en ellos, siempre que los veo, están en grupo y llevan sus enormes o diminutas cámaras colgadas. No tienen término medio, o exageradamente grandes, o realmente pequeñas.

Veo muchas chicas, extranjeras, de entre 18 y 22 años. Pasean con sus preciosos vestidos cortitos y ajustados, bien maquilladas, como una puerta, y con bolsos a juego con la ropa. Es que ni siquiera en una ciudad donde reinan las chanclas, los pantalones bombachos y los pareos pueden dejar de intentar ser divas en un país que avanza a marchas forzadas hacia el capitalismo.

Los chicos tampoco se quedan atrás. Camisetas sin mangas que dejan entrever el último tatuaje realizado en la ciudad, gorras, pantalones cortos y chanclas. Una moda que cuida cada detalle que se cuelgan en la percha que llevan por cuerpo, arreglado pero informal. Siempre atentos a la mirada de cualquier fémina a la que puedan impresionar con sus músculos, algunos de ellos sobre dimensionados.

Luces de colores estupendas para nuestro chill-out.

Ambos grupos van paseando por el mercado, que más bien lo que están haciendo es pavonearse y buscar posibles victimas con hormonas revolucionadas. En el sur de Tailandia se pusieron de moda las fiestas en la playa, la más conocida la Moon Party. Esa moda, de jóvenes que se meten en un avión durante 10 horas o 6 si vienen de Oceanía, para irse de fiesta, se está extendiendo al norte también.

Sigo mi camino atravesando el mercado y aparecen unos lady boys. Chicos vestidos de chica y en algunos casos operados, tanto de arriba como de abajo. Por unos bats puedes hacerte una foto con ellos. Hay muchos travestis en Tailandia y están aceptados socialmente. Algo de lo que nos sacan ventaja en nuestro país.

Los puestos de fruta desecada me llaman. Siento debilidad por este tipo de alimento azucarado. Me acerco a uno donde hay 4 mujeres llenando bolsas de plástico con diferentes frutas. Veo una fruta que no reconozco, le pregunto que es y me dice que frambuesa…nunca la he probado, le pido si puedo hacerlo y sin levantar la cabeza me dice que si. El sabor es buenísimo, frambuesa azucarada de la que solo hablar se me hace la boca agua. Intento comprarle una bolsa, pero por más que le digo que cuesta no levanta la cabeza y no me contesta. Al tercer intento desisto y me marcho. Una lástima.

Puesto de fruta desecada.

Los precios de los objetos que aquí venden son más baratos que en Nepal, reciente viaje que realicé hace unos meses. En Nepal pude comprar bolsitos realizados a mano, según los vendedores claro, por unos 80 céntimos de euro mientras que en Chiang Mai,  idénticos, realizados a mano también, por supuesto, no llegaban a 50 céntimos.

En este mercado también están los extranjeros más curtidos, más acorde con el lugar donde están. Los que van vestidos con ropas que venden en cualquier puestucho, colores vivos, pantalones anchos, con chanclas o descalzos, según les de. Con rastas y barbas de meses. No encuentro que tampoco encajen en este lugar. Mi sensación es que esta gente acude a Tailandia para alejarse del estrés de las urbes europeas, norte americanas o de Oceanía. Al intentar dejar de lado al capitalismo que en esos continentes reina. Conseguir una vida más tranquila y con menos cosas. En este mercado, a día de hoy no es más que un lugar donde el turista compra y el local vende, no existe el trueque entre locales.

Los típicos peces que te limpian la piel de los pies.

Los que encajan a la perfección son otros especimenes, por llamarlos de alguna manera. Una clase de persona que viene a Tailandia atraído por la facilidad con la que se puede encontrar una novia local durante su estancia. Una joven tailandesa de belleza inigualable que pasea con él por lugares, como este mercado, cogidos de la mano, o simplemente paseando uno al lado del otro, a veces charlando otras como completos desconocidos.

No puedo evitarlo, se me va la mirada cada vez que los veo. Me resulta repugnante, y entraré en los tópicos, al hombre con cara de pervertido, por lo general de avanzada edad, o no tanta, esta vez en mi viaje he visto como jóvenes de 25 años también vienen atraídos por el turismo sexual. Van paseando cogidos de la mano de una niñita que en algunos casos no supera los 20 años. Tengo que decir que las tailandesas suelen aparentar menos años de los que realmente tienen.

Se sientan en los locales a cenar o a tomar alguna bebida. Aparentan simular ser parejas de novios en un viaje común. ¿Deben saber realmente como son vistos por los demás? En este caso por mi, otro viajero más que se cruza en su camino.

Todavía recuerdo a uno en especial, me crucé con él durante menos de 15”, pero su cara, sus gestos y sobre todo sus ojos lo delataban. Estaba unos pasos por delante de dos señoritas, jóvenes, primero pensé que estaba solo. Debería tener unos 22 años, iba vestido con una camiseta sin mangas de un equipo de baseball que marcaba considerablemente sus lorzas, una gorra con la que ocultaba parcialmente su cara y los ojos, pero no pudo ocultar la mirada de baboso cuando giró sobre su propio eje para dirigirse a las dos chiquitas. Iban los tres juntos, se dirigían hacia un hotel. Son visiones que cuando uno las ve, se le quedan grabadas, tal vez por la mente enferma de uno mismo o más probablemente por la cantidad de casos que hemos leído o visto.

No pretendo juzgar a nadie, pero hay temas en los que no puedo dejarlos correr, sinceramente, meterse en un avión durante muchas horas, pagar en el mejor de los casos 600€ para venir a un país a follarse a chicas que lo único que intentan es salir adelante, es penoso y dice mucho de la persona, ¿o tal vez de la sociedad?


0 comentarios:

Publicar un comentario