miércoles, 30 de julio de 2014

15 – La infernal noche en Gosaikunda



Pago 2600NPR y partimos a las 8:30.

Las camas son lo peor del viaje, tanto en la montaña como en las ciudades. Los colchones son extremadamente finos y lo que debería ser un somier, son tablas de madera de 30 cm de ancho x el largo de la cama. Mi esterilla Artiach hinchable es más cómoda, y eso que son unos 2 o 3 cm. de grosor.


Nada más salir del alojamiento el camino asciende moderadamente. Los rododendros son los protagonistas de hoy. Están por todos lados. Podemos oír a un ciervo, pero no lo vemos.


Ascendiendo por la pelada montaña.

Vamos paralelos a un bosque, dejando al lado derecho vegetación que se precipita hacia abajo perdiéndose de vista.

Pasamos un hermoso bosque verde y húmedo, algún arroyo hasta que llegamos a la primera guest house donde podremos disfrutar de algo calentito, dependiendo si el día es soleado o nublado. Desde esta parte solo volveremos a encontrar otra guest house en aproximadamente 1h.

El camino empieza a inclinarse un poco más haciendo que nuestra respiración se acelere, por eso, y por la altura, nos vamos acercando a los 4000 metros.

A la izquierda vemos el valle de Langtang. Dejaremos la última guest house hasta nuestro destino, así que si tenemos que comprar algo es mejor hacerlo ahora, después nos costará un buen dinero, lo malo es que tendremos que cargar con ello para ahorrarnos unos eurillos. Alcanzaremos 2 templos en medio de la nada, la vegetación alta ha dejado de estar presente para que la roca, polvo y matorral típico de estas alturas nos acompañen hasta el lago Gosaikunda. A todos estos actores, se añadió un viento gélido, helado, se te metía a través de la ropa y te congelaba.

Uno de los templos a 4000 metros.

Una vez superamos esta inclinada pendiente, llegaremos a la parte más bonita del trekking, desde mi punto de vista. Un camino a 4000 metros ascendente que va serpenteando por la ladera de la montaña, viendo a nuestra derecha, una infinidad de caminos en otras montañas, mientras que en medio tendremos un gran vacío. Aparecen las primeras cascadas de agua, y abajo del todo, en lo más profundo, un pequeño río alimentado por los lagos que veremos en breve.

Si seguimos el camino, nos lleva al mismo templo que en la anterior foto.

La ruta desde aquí no es pronunciada, es suave, ascensión lenta, cómoda. Nos dejará aliento para disfrutar de donde estamos,  y no es para menos.

Aparecerá el lago Bhairabkunda, y una vez demos un giro a la izquierda en el bonito camino, veremos a unos 500 m nuestro destino, el refugio donde pasaremos la noche, y el lago Gosaikunda.

Varios barrancos descargan el agua del deshielo en el mismo lugar.

En esta época las cimas de estas montañas empezaban a retener nieve. Cuando alcancemos nuestra meta, veremos que hay unos 5 alojamientos, pero en diciembre solo había 1 abierto, austero, como todos, pero al fin y al cabo, abierto.

Justo detrás de estas edificaciones está el lago Gosaikunda, medio helado.

Lago Gosaikunda.

Cuatro horas y media tardamos en llegar hasta aquí, parando como cada día varias veces a tomar algo en los guest house.

Como algo y me voy a dar una vuelta con la cámara. Hay varias opciones, subir a una cima, no lo hice porque todas las fotos que había visto del lago estaban realizadas desde esa cima. Dar una vuelta circular por el lago, más o menos una hora. También podemos recorrer la zona de la derecha del lago, con otra cima que intenté subir, pero calculé que haciendo las paradas para fotografiar todo lo que mis ojos veían, no me daría tiempo a bajar con luz, además estaba nevado y no fui capaz de ver un camino seguro, todo eran rocas grandes que tenías que ir saltando de una a otra y cuando tocabas tierra tenías que tener cuidado de no pisar alguna placa de nieve dura, tan dura como el hielo, de echo las golpeabas con el zapato y no se rompían ni marcaban.

Así pues, me pasé varias horas caminando con el trípode y retratando toda la belleza del lugar. Me acerqué al lago y pude ver que además de monedas, había flechas con la punta de metal. Saqué una para observarla y cuando le pregunté a Singe porque estaban en el lago, no supo responderme. Cada agosto hacen un festival en el lago, tal vez lanzan esas flechas para algo, no se.

Lago Gosaikunda, donde se pueden ver cientos de flechas de madera y monedas.
Refugio al empezar a caer el sol.

Al empezar a caer el sol, escogí una de tantas rocas cercanas al lago y disfruté de los últimos rayos de sol. Una vez desapreció el astro, la temperatura empezó a bajar bruscamente. El viento seguía con nosotros, eso también ayudo a desear que encendieran la estufa del refugio, que hasta las 18:00 no lo hacen.

Las nubes son una constante a estas alturas.

Dentro del refugio estábamos a 5ºC. Una vez terminé la cena, salí a fotografiar por la noche. Estuve un rato a -4ºC hasta que decidí volver al calor de la chimenea.

Nocturna bajo 0ºC.

La noche fue muy dura. Frío, 0ºC en la habitación, un habitáculo de 2,30x2,30m, con dos camas, una ventana por la que entraba una brisa muy fría, separaciones de madera que te da algo de privacidad para cambiarte pero que el sonido no se aísla.

La cama es dura, no se si por el cansancio acumulado o porque era especialmente dura. Me era imposible dormir boca arriba, era tan plana que las lumbares me dolían. Al ponerme de costado, se me clavaban las caderas, si conseguía dormirme, me despertaba del dolor en esta zona, invertía mi posición y la nueva zona estaba helada, traspasaba el saco de dormir, el chaquetón de plumas, el forro polar, la térmica y finalmente mi piel, llegando así hasta lo más profundo de mi cuerpo, una sensación realmente mala cuando estás a 4400 m, no consigues conciliar el sueño por la altura y la cama no ayuda para nada.

Me desperté más de 10 veces, si, las conté, no tenía otra cosa que hacer además de pedir no se muy bien a quien que acabara la noche y empezara el día para poder salir de ese infierno. Invertí mi posición otras tantas, había veces que me despertaba del dolor de cadera, invertía mi posición, no conciliaba el sueño y volvía a la postura inicial.

Mis pies empezaron a helarse, miro el reloj por curiosidad y pone -2º C, ya se cual es el límite del saco con la ropa que llevo. Pienso, como lo hago para calentar los pies, si no los caliento rápido estaré perdido, no volveré a pegar ojo en lo que queda de noche, y no se cuanto queda porque no quiero saberlo. Si lo miro y son las 2:00 me pegaré cabezazos contra la madera, así que no me arriesgo. ¡Ya está¡ cojo el cubre pantalón de gore-tex, lo cierro por las piernas y a través de la cintura meto lo que cabe del saco por la parte de los pies, eso evitará que el frío llegue al saco, lo atraviese y llegue a mis pies. Funcionó, pero un rato, el rato justo para ver un rayo de luz por la ventana y saber que la noche había acabado, mi sufrimiento estaba a punto de terminar, había pasado una de las peores noches de mi vida, y no por el frío, por la puta cama.

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