viernes, 20 de junio de 2014

Día 4 – Katmandú



TOC, TOC, TOC!!!....y otra vez TOC…me despierto, y respondo con un “si?” y enseguida rectifico con un “hello?” Hay alguien detrás de la puerta, creo que es del servicio de limpieza, me levanto, abro y le digo que después de desayunar puede limpiar.

Vuelvo a la cama y me quedo pensando el motivo de que cuando le he dicho después de desayunar me ha mirado rara…pienso que como no hablo bien inglés, no me ha entendido. Miro el reloj y son casi las 11!!!! El maldito S4 no ha sonado, se ve que cuando lo apago, no sabe encenderse solito.


Cojo una barrita energética de mi despensa personal y después de una ducha, esta vez con agua hirviendo, me dirijo a la calle a buscar la Durbar square, como la plaza España en nuestro país.

Me indican amablemente que saliendo del hotel, izquierda, la siguiente a la derecha y cuando llegue a una especie de rotonda, derecha otra vez para llegar en línea recta hasta la mencionada plaza.

Niños jugando bajo una estupa.

Las pequeñas calles están abarrotadas de tienduchas o lo que antes teníamos en Palma, colmados, tiendas de barrio y esas cosas casi extintas en la isla.

En las carnicerías el producto está en plena calle, encima del mostrador, con moscas a doquier y por supuesto nubes de polvo, gases de los escapes de los diferentes vehículos, sobre todo motocicletas. A la gente no parece importarle, compran sin más, el carnicero envuelve la carne y se la entrega a las mujeres. No vi hombres comprando ni carne ni otra cosa que no fuera para comer inmediatamente.

Mi camino sigue. Voy viendo muchas tiendas de chucherías entre otras cosas. Colmados nepalíes sería su nombre. Suelen estar los niños comprando estas porquerías que lo único que les hacen es perjudicar a sus dientes. En esta parte vuelvo a hacer un inciso con el mismo tema, las chucherías y los niños. ¿A algún turista generoso por regalar caramelos a los niños se le ha ocurrido mirar un poco más allá de su estancia en el país? En su país seguro que también hay caramelos, también hay niños y seguramente hay un lugar  que aquí no es común ir…el dentista. Si es cierto que hay algún dentista, pero más cierto es que prácticamente muy poca población puede permitirse el lujo de ir al dentista por una caries. ¿Caries? Pensarán los turistas anteriores. Pues sí, señor turista generoso, caries. Cuando usted con toda su buena voluntad regala caramelitos a los niños, una de las cosas que está haciendo es destrozarle la  boca a ese niño y después joderle la vida cuando ya no tenga dientes. ¿Dónde estará usted ahora? En su casa. ¿Dónde está ahora su generosidad? ¿Le manda dinero para el dentista? Yo creo que no, ni siquiera se acuerda de aquel niño que se acerco con la nariz llena de mocos, manchas de suciedad por todo el cuerpo y un olor, digamos…fuerte, como el que hace días o tal vez semanas que no se ducha. Si, muy probablemente no le pondrá cara al niño, ni siquiera rebuscando entre sus miles de fotos lo encontrará. Eso es lo que consigue.

Desde este blog, pido encarecidamente ¡¡¡QUE NO SE LE DEN CHUCHERÍAS A LOS NIÑOS!!!!!! A no ser que sea tan generoso que les pague el dentista cuando las caries surjan.

Niña pidiéndome "chocolate, sir".

Pues continúo. Sigo caminando disfrutando del lugar, algo que me gusta es que no me agobian para nada.

Siguen apareciendo droguerías, panaderías y alguna tienda que vende mochilas, bandoleras y riñoneras, por supuesto, falsificaciones.

En la calle Pyaphal Tole a mano derecha bajando a la plaza, encontramos un pequeño callejón que tras atravesarlo llegaremos a Yatkha Tole. Es un templo donde me senté a observar. Ellos sin embargo, ni siquiera se giraron a mirarme, solo una niña y un bebe que a penas sabía andar pidiéndome chocolate y fotos. Al principio pensé que querían dinero por las fotos, pero me di cuenta que lo único que querían era verse en el lcd de la cámara. Les hice unas cuantas fotos y nos reímos juntos, siempre con la palabra chocolate de fondo, jajaja. No entendían que yo, un turista como otro, no tenía chocolate.

Tras unos 15’ andando llego a la plaza. Había leído en la guía que hay que pagar por entrar en la plaza. Cuando llegué, oí a alguien gritar “Sir! Sir”…ni me giré y nadie me persiguió para pagar la entrada. Según he leído cuesta unos 200 NPR.

Vistas desde un restaurante al sur de la plaza. Los templos por orden, Maju deval y Narayan.

Llegué por la calle Pyaphal Tole. Justo en frente encontramos el templo de Narayan, y justo detrás, Maju deval. En este último templo, inconfundible por las escaleras por las que accedes a la parte más alta, es donde se puede disfrutar de un respiro del tráfico de la ciudad. Sus escaleras rojizas son ideales para pasar un buen rato. Ya se que un buen rato no se puede medir, que para eso tenemos las unidades, pues bien, calculo que los 30’ los podrás pasar disfrutando desde la altura viendo  vendedores ambulantes, ciclorickshaws, taxis y gentío.

Vendedores a los pies del Narayan temple.

En los escalones veremos sobre todo jóvenes disfrutando del día y/o intentando ligar con alguna chica. También hay vendedores que ponen su puesto en los escalones, niños correteando en las partes más bajas del templo y algunos turistas, más bien pocos, como yo disfrutando del lugar.

Detrás está el templo de Lakshmi Narayan, y más atrás, casi fuera de la plaza el templo de Kabrindapur. Volviendo atrás, está el templo  de Tralokia Mohan Narayan. Podría seguir varios párrafos más listando los templos, reduciré tú lectura terminando que hay mucho que ver en la zona, solo recorre las calles Ganga Path y Makhan Tole. Según llegamos por la calle Pyaphal Tole, las dos anteriores quedan a 160º y la otra NO según sentido de marcha. No hay pérdida.

Después de disfrutar un buen rato en la plaza, recorrí las calles escritas arriba contemplando la ciudad. En la calle Makham Tole encontré varias tiendas para comprar mapas, libros de fotografías del país, imanes…los souvenir de toda la vida.

Justo cuando iba a llegar a la plaza de nuevo, un guía se acercó a mí a ofrecerme sus servicios. Le dije que quería conocer el país solo y cuando le respondí que soy español, me dijo que había estudiado 2 años en la universidad y que no sabe mucho porque no puede practicar con nadie. Así pues le ofrecí sentarnos en un bordillo de la  acera y hablar en español. Tras 15’ minutos se despidió de mí.


Seguí el camino hacia la plaza Durbar y subí a uno de los tantos restaurantes con vistas sobre la plaza que hay disponibles. El que elegí yo resulto tener buenas vistas, con el sol a la espalda pero que servía comida que a mi no me gustó. Unos espaguetis boloñesa y un zumo de naranja, esta vez natural pero con sabor extra dulce, me costó 735 NPR, y el restaurante es el Kasthamandap. Para no hacer las conversiones constantemente, el cambio lo conseguí a 132,8 NPR = 1€

Ciclorickshaw en la plaza.

Después de disfrutar de las vistas de la plaza y parte de la cordillera del Himalaya, bajé los tres pisos y continué caminando sin rumbo.

Seguí caminando buscando el templo de los monos, Swayambhunath. Desde Durbar Square no tardé más de 20’.

Vistas del Monkey temple desde una azotea de Durbar square.

Al llegar una enorme escalera te da la bienvenida. Tras subirla, a media altura, tienes que pagar una estrada de 150NPR para continuar hasta arriba.

Detalle de la escalera hacia Monkey temple.

Los monos están por todas partes, hay que tener cuidado con ellos pues pueden atacar. Arriba encontraréis algunas tiendas donde poder comprar recuerdos, algún restaurante y una tienda de fotografía anunciando que venden películas Agfa!! El progreso no llega a todos lados por igual.

Mono zampón en el templo.

Las vistas del valle están bien, pero la extrema contaminación le quita visibilidad.

Si bajamos por el lado contrario a donde hemos subido, encontraremos un estanque donde la gente, sobre todo nepalíes tiran monedas intentando meterlas en un recipiente metálico, justo detrás de este recipiente hay una figura dorada budista.

Campana en el templo.

Figura situada en medio de una fuente.

Volví por el camino de los peregrinos, que bajando está a mano izquierda, hasta llegar a la plaza y después al hotel.

Camino de los pereguinos. Hombre haciendo rodas los rodillos de oración.

Para cenar miré la guía y elegí el restaurante La Dolce Vita, un restaurante italiano. No se encuentra lejos de mi hotel, a unos 5’ andando por los callejones de Thamel. Pregunté al recepcionista como llegar y me dijo que a esas horas (las 20:00) no hacía falta ir en taxi, pero que después si era conveniente.
Salí del hotel y me fui andando, algunos comercios ya estaban cerrados. Oí un “hello, hello, what are you looking for?” y le respondí que buscaba el restaurante, el me orientó perfectamente y añadió “maría, maría” EINGGG??? UFff, paso de maría, y aconsejo al resto de turistas que no compren tampoco, las sanciones por consumo y por tenencia no son tan benévolas como en España.

Encontré La Dolce Vita, un local de ambiente relajado y con luz tenue adornado con una vela en cada mesa. En las paredes cuelgan cuadros de pasta, algo muy útil desde mi punto de vista porque cuando leo la carta de un italiano muchas veces no se que tipo de pasta es.
Pedí una pizza hawainana con champiñones y un agua. En mi opinión no estaba muy buena, pasta gruesa y faltaba sabor. 1038 NPR y al hotel andando. No tuve problemas.

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