viernes, 20 de junio de 2014

06 – A Bhaktapur en taxi



Salí del hotel dejando parte de mi equipaje en el guarda maletas y con el primer taxista que encontré fuera negocié que me llevara a la tercera ciudad más antigua de Nepal por 900NPR. Al principio me pedía 1500NPR, y por no regatearle más, lo dejé en 900.


Bhaktapur está a unos 13km de la capital. Tardé unos 45’ con un tráfico muy leve, casi todos los minutos nos lo pasamos saliendo de Katmandú.

Para entrar a la ciudad has de pagar 1100NPR. Esta entrada te sirve para un día, si necesitas pasar más tiempo puedes pedirlo en la entrada y te sellarán tu número de pasaporte detrás.

Antes de pasar una de las diferentes puertas que hay, ya tenía a un guía detrás de mí informándome. Saqué la entrada y le dije educadamente que no quería guía, y que quería descubrir la ciudad solo. El tipo seguía insistiendo e incluso me dijo que lo hacía gratis. Giré mi cabeza hacia atrás y le señale dos chicas que venían por detrás, para que no perdiera el tiempo conmigo y se ganara el jornal. Me sorprendió que me dijera que él no estaba interesado en las chicas, que prefería hombres, jajaja.

Me acompañó hasta el hotel, Golden Gate Guest House, y esperó a que bajara, ya cuando bajé le dije serio que no quería guía y al final lo entendió.

El personal del hotel es extremadamente amable. La habitación con balcón me costó 15$ y si quería una sin balcón, en un piso más abajo, 12$.

La ciudad es impresionante, los edificios se mantienen por que han de hacerlo. Los ladrillos forman parte de la estructura y sobre todo la madera. Puedes ver tallas de madera a modo de columnas en cualquier construcción, balcones y vigas sujetando partes de la casa.

Paseando por las calles de Bhaktapur.

El ambiente es muy relajado, casi no hay tráfico, realmente es una ciudad para pasear tranquilamente y disfrutar de la gente.

Algún niño pidiendo chocolate y caramelos, pero nada pesados.

Paseando por uno de los tantos callejones estrechos, un señor me invitó a ver una fábrica de papel, así que entré a verla. Su hija me enseñó donde realizaban el papel usando lokta que tras un proceso conseguían el preciado material.

Después de disfrutar de la visita hice algo de gasto. Al pagar, el señor se fijó en mi cámara, me preguntó si era fotógrafo profesional. Nos pusimos a charlar y me pidieron ver algunas fotos. Les enseñé la pequeña selección que tengo en el móvil y se sorprendieron de la cantidad de países que he visitado.

Iba pasando las fotos y me iban preguntando, donde había tomado esa imagen, así una tras otra. La chica iba apuntando los lugares donde yo había tomado algunas tomas para después buscar en Internet información. Al rato apareció el hijo, un personaje que me impresionó.

Había escrito e impreso 4 libros usando una imprenta Gutenberg. Realmente tenía dos. Tiene 23 años y había estudiado química. En su  pequeño estudio, arriba de la tienda, tenía un frigorífico con formulas químicas. El ambiente era polvoriento, oscuro, apenas entraba algún rayo de luz por las minúsculas ventanas que daban al callejón por donde yo entré. Todo el estudio estaba lleno de cosas antiguas, tallas con más de 1000 años, según él, claro está, ya que yo no puedo comprobarlo. Además, tenía fotografías muy antiguas, según entendí de hace más de 80 años, un caso de moto de no se que guerra, unas placas de formato medio que ponía en una máquina la cual le daba luz y proyectaba la imagen. A parte de todo esto, el tipo entendía de fotografía, tiene una canon 400D y él mismo había hecho las fotos de sus libros, con unos encuadres realmente buenos; también pintaba, habla 4 idiomas. Estuve disfrutando tanto con esta familia que sin darme cuenta me pasaron 3 horas. Me fui de su casa porque entraban turistas a comprar y yo no quería molestar.

Salí de la tienda realmente impresionado.

Uno de los libros del muchacho.

Bicicleta india en la calle.

Señora fregando los útiles de la comida.

A los 5’ me tope con un norte americano que también estaba haciendo fotos y llevaba 3 años viajando pero pensaba viajar otros 3 años más. Ya no me separé de él hasta el anochecer, después de que me llevara a comer a un lugar pequeño, oscuro y con olor a orín.

Pedimos unos momos, unas bolas de pasta rellenas de carne picada, o vegetales, salpicado con unas salsas de sabor indescriptible y algo picante.

El tipo me pidió ver si tenía fotos, así que durante la comida le puse la selección e íbamos charlando.

Volví al hotel para coger mi trípode e intentar hacer algunas fotos de la ciudad de noche. No pude hacer ninguna porque se me acerco un canadiense que también estaba haciendo fotos. Tras charlar unos minutos se fue y volvió con otra chica canadiense que acababa de conocer. Nos presentamos y nos fuimos a cenar todos juntos fuera de la ciudad.

No recuerdo el nombre del sitio ni lo que pedimos, pero si que pagué 500NPR dejando  75 NPR de propina cada uno.

Al volver en la puerta de entrada no había nadie. Había un grupo de japoneses con sus cámaras sobre sus trípodes mientras otro iba iluminando con el flash por los edificios.

 Bhaktapur de noche, una oportunidad visitar la ciudad tranquilamente.


La temperatura debía de ser de unos 16ºC, así que tras disfrutar de las tomas nocturnas, decidí irme al hotel porque no había ya mucha gente en la calle y me habían aconsejado que es mejor volver al hotel cuando quedan pocas personas paseando.

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