jueves, 8 de agosto de 2013

Día 08 – Kiiminki a Kalajoki – 280 km – 7 horas

Durante el trayecto hacia Oulu, una ciudad grande con puerto marinero encontramos una gasolinera Shell, wifi y agua gratis. Paramos a mirar los emails y continuamos dirección Riutunkari para coger un ferry gratuito que nos llevaría a la isla de Hailuoto.

Molinos de viento en la isla de Hailuoto.

La carretera que nos lleva a Riutunkari es tranquila, sin mucho tráfico. A ambos lados de la carretera están los enormes árboles como unos vigilantes de nuestro camino, observándolo todo. Al llegar el ferry no estaba, y según pude leer los horarios, suele ir y venir cada hora, exceptuando unas horas que suele llegar entre una hora y media a dos horas más tarde. Por suerte nosotros solo esperamos 45’, acababa de salir dirección a la isla.

Justo en este lugar hay cuatro enormes y modernos molinos de viento y un lugar para beber algo caliente y tomar algún tentempié.

El barco es una barcaza de considerables dimensiones. Tiene un carril de entrada y otro de salida. Hasta que no salen los vehículos no entran el resto. Antes de entrar al barco, hay dos carriles, uno para vehículos prioritarios, supongo que gente que trabaja o vive en la isla, y otro para los demás.

Una vez han pasado los prioritarios, pasamos el resto, apagamos motor y no importa bajar del vehículo, aunque se puede.

Pájaros aprovechando el movimiento de la hélice del barco para intentar pescar algo.

El mar estaba repleto de cascotes de hielo, incluso algún iceberg de dimensiones pequeñas. Había también superficies heladas como si fuera tierra firme en medio del mar.

El trayecto dura 30’. Una vez en el otro lado, en Santonen, salimos como hemos entrado y una carretera estrecha asfaltada nos irá conduciendo a través de la pequeña isla, que no mide más de 30km de largo por unos 20km de ancho en el extremo mayor.

Los árboles son una constante. Las últimas  placas de hielo aguardan su final en las zonas sombrías aunque hay algunas que se atreven a resistir bajo el sol que nos ha acompañado durante todo el día.

En esta isla hay una gasolinera, un camping, otro alojamiento que no sabría donde encasillarlo, entre hotel y albergue. También hay un súper mercado donde abastecerse. Además de todo esto, hay multitud de granjas y campos de paja.

Trascurridos casi los 30km encontraremos un precioso faro, en Marjaniemi, que algún día sirvió a navegantes y marinos, y digo algún día porque hoy día con los aparatos de navegación existentes, están quedando en el olvido o usados como reclamo turístico.

En este extremo hay un hotel, el único de la isla. A su derecha se encuentra un puerto donde el único barco que había atracado era el de salvamento marítimo.

El agua del puerto estaba totalmente helada incluso lo estaba a varios cientos de metros mar a dentro.

Gracias a unas pasarelas de madera se puede ir por encima de la vegetación y evitar así, cuando sea necesario, el embarrarse los zapatos, además de evitar el pisoteo por toda la zona de los turistas o gente que viene a visitar la zona.

Detalle de la pasarela hacia el faro.

Se puede caminar tranquilamente viendo el paisaje azotado por los vientos gélidos del oeste que consiguen que en esta parte de la isla solo haya vegetación muy seca, sin apenas vida.

La playa es de arena mezclada, blanca y negra, dando una tonalidad marrón. Piedras redondas adornan algunos lugares de la costa junto con trozos de hielo esparcidos por todos lados. Me recuerda mucho a las islas Malvinas, cuando fui a Georgia del Sur.

Había aves jugando en el aire, disfrutando de ese viento gélido. Estando aquí me vino a la mente lo que Ernest Shackleton y su tripulación tuvieron que pasar con el Endeavour en su aventura a principios del siglo 20. He pensado muchas veces sobre esa gran azaña, y me parece imposible que pudieran salir con vida todos. Con esto no quiero decir que no sucediera, solo que es impresionante.

Algo que nunca había visto y me pareció curioso fue que del mar entraba junto con la brisa una neblina, supongo que por la diferencia de temperatura entre el mar y la brisa que hace que se evapore…no estoy seguro.

Junto al espigón hay otros tres molinos de viento.

Después de disfrutar de esta playa para mi solo, di una vuelta por el lugar, viendo el muelle y las casas que hay por la zona. Me imagino la vida en este lugar, igual que en Malvinas, y solo me queda admirar a las personas que habitan en la isla, y especialmente a los de la costa.

Nos zampamos unas salchichas con huevo, que llevábamos días deseándolas y partimos de vuelta a Santonen.

Os dejo el enlace de la información turística de la isla, www.hailuototourism.fi

Ventana de una casa en la isla.

Una vez en el continente fuimos a ver la reserva de aves de Liminganlah. Esta reserva está situada en la bahía de Liminka, según lo leído atrae a diferentes especies de aves, yo no pude divisar una gran cantidad, supongo que no era la fecha adecuada.

Tiene una torreta de observación con capacidad para 30 personas a la cual llegas mediante una pasarela de madera después de haber caminado unos 600m.

Vegetación en la reserva de aves.

En el aparcamiento hay tomas de corriente.

La dirección de la reserva es Rantakurvi, 6, abre de 10:00 a 17:00 entre abril y mayo y entre semana de junio a principios de agosto. www.liminganlahti.fi

En Kalajoki hay una Shell donde poder rellenar agua y conectarnos a su wifi.

Merece la pena pararse a contemplar su iglesia. La ciudad en si no varía mucho de lo que hemos visto durante el viaje, tiene súper mercados y los servicios de una ciudad más o menos grande.

Detalle de la iglesia de Kalajoki.


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