domingo, 4 de noviembre de 2012

Etiopía, conociendo a las tribus del valle del Omo. 3

De Hawassa a Dorze - 290 km - 4:30 horas.

Para desayunar fuimos al Mie General Trade PLC, en frente de la iglesia San Gabriel. 3 magdalenas o moufins, 10,43 cada una, 3 machiatto, 5,22 cada uno, 2 café con leche, 6,09 cada uno, 2 huevos revueltos, 17,39 cada uno y 1 coca cola, 6,96, más 15,13 de impuestos sumó un total de 116 Birr, casi 5€ desayuno para 5.

Antes de partir para visitar una aldea en Alaba, nos paramos a comprar pan, una especie de magraneta muy buena para combinar con el salchichón :D. 5 piezas nos costaron 10 Birr.


En poco más de 1 hora y media llegamos a la aldea donde dejamos el coche en el margen de la carretera y después de saludar al jefe de la aldea, entramos.
El lugar impresiona. En una superficie de aproximadamente 2000 metros cuadrados hay unas 10 casas o chabolas de adobe y techo de vegetación seca africana. Algunas de ellas están decoradas con diferentes motivos. El que más me llamó la atención fueron unas pinturas de un autobús. También había imágenes de una especie de tetera con sus tazas y símbolos no reconocidos. Los animales están por toda la aldea comiendo la hierba.

 Panorámica de la aldea.

Lo más impresionante y duro es ver a las personas llenas de suciedad, los niños con los mocos de color marrón por la tierra, ropas rotas y sucias, algunos con manchas blancas en la cabeza que llevan rapada supongo que para evitar los piojos o las pulgas. Casi todos se dejan unos mechones en la parte frontal de la cabeza.
Todos ellos dicen “you, you” y acto seguido “Birr, Birr”. En este lugar volvemos a tener la problemática de foto-dinero.

Aunque son niños, en cuanto saben andar tienen labores asignadas. Cuidar de los menores es una, o pastorear puede ser otra.

Nos enseñaron una casa por dentro. Decir que esto tiene un precio, pero no me sabe mal pagarlo ya que creo que está bien invertido.

La casa o las casas porque no se diferencian entre sí, solo por tamaño, son de forma circular con una puerta o dos, sin ventanas, está formada por una zona donde duermen los niños, una zona donde que usan de despensa, seguido tienen la zona donde duermen los padres y la última donde duermen los animales, bueyes, cabras y demás animales que puedan tener. El centro de la casa lo usan para cocinar, con un fuego permanente del cual emana un humo intenso producido de la quema de madera. Como podéis imaginar todo está negro por el fuego.
El suelo es tierra dura e imagino que cuando llueva tiene que ser un río natural.

Los animales duermen dentro para aumentar la temperatura, al igual que cocinan dentro para lo mismo.
  
Diferentes pinturas en una de las casas.

La entrada a la aldea nos costó 150Birr. A parte de pagar las casas que visites.

Pequeña ternera en el interior de la misma casa.

Ver como viven es algo muy duro, así que no lo aconsejo a todo el mundo, si es la primera vez que estáis en África o no habéis estado en Asia anteriormente tal vez debáis plantearos no entrar.
Los habitantes de esta aldea y pienso que los de las demás, van descalzos, medio desnudos, y con mucha suciedad encima. Durante el trayecto pudimos ver como algunos se bañaban en cualquier charco, desnudos. Algo que en el “primer mundo” nos chocaría pero que aquí es lo más normal del mundo.

Niños con una infancia breve o inexistente.

Algo que sorprende es que por donde quieras que vayas y creas que estás solo, pararás el coche y saldrán de la nada personas pidiendo Birr y foto. Es fácil evitar dar Birr por foto, solo hay que usar la ética y comportarte con respeto.

Después de 3 horas de conducir comimos en Sodo. Una ración de patatas fritas, espagueti boloñesa, 2 tanjera, 3 cervezas, 1 coca cola, 2 macchiato y un té con leche, 220 Birr, casi 11€.

La carretera hasta Dorzo está en buen estado menos los últimos 10 kilómetros que subes por una montaña y el camino es de tierra con baches y surcos que forman las ruedas de los todo terreno al subir en épocas de lluvias.

Aunque ahora es época seca nos llovió durante la subida y tuvimos la suerte de que parara cuando llegamos al mercado que hay arriba. Me sorprendió que durante todo el camino no hubiera civilización, solo algunas chabolas camufladas con la vegetación y gente cargando con agua en botellas amarillas de 5l, 10 o incluso 20l.
En esta zona hay un cambio de actitud de los nativos. Los niños, a parte de chillar pidiendo botellas de plástico y/ Birrs, ahora añadían unos bailes muy graciosos a la vez que imposibles de reproducir por un servidor.

La zona es extremadamente verde, como en Ruanda, que comprobé en su día, o como Indonesia. Las águilas no dejan de sobrevolar el cielo.

Al llegar arriba de la montaña me sorprendió ver una zona plana y cientos de personas en un mercado!!! En este mercado, aún estando lejos de lo que podríamos llamar civilización, los niños siguen pidiendo dinero por foto al igual que algunos mayores.

Mercado Dorze, situado en una gran montaña.

Me gustaría saber el origen de foto-dinero. En otros países, como Indonesia, Tailandia, Marruecos, Argentina, Ecuador, Tanzania, Vietnam, y muchos más, no he vivido esta situación salvo en casos aislados donde si te piden dinero por foto, pero solo algunos nativos, no toda la población de un país. Por mucho que pienso en el tema no consigo encontrar una lógica a esta acción. Cualquier persona a la que vayas a fotografiar te va a pedir dinero.

En el mercado nada más bajar se nos unieron un grupo de 6 niños pidiendo dinero y cogiéndonos las manos. Aún sin hacerles caso, no nos los quitamos hasta subir de nuevo al coche. Había adultos sentados en el suelo con sus mercancías encima de unos sacos.

Las mercancías eran diferentes, había especias como chili, sal, ajos, zapatos, muy poca ropa, algunos utensilios para cocinar. Las mujeres iban vestidas con unos trajes blancos, como batas, se cubrían el pelo con una especie de pañuelo también blanco.

En muchas ocasiones el guía nos iba quitando a los nativos que se ponían pesados, algo de agradecer porque son muy pero que muy insistentes con el “Birr”, “foto”.

En plena acción de mercadeo.

Salimos del mercado y nos dirigimos a un lugar sin nombre que está en una colina siguiendo la carretera hacia la derecha.

Antes de entrar en el “lodge”, que más bien es una aldea porque las habitaciones son cabañas como las de ellos acomodadas con una cama y una silla. Visitamos una aldea contigua donde pudimos ver más cabañas y la familia que habitaba en ella.

Llegados a este punto tengo que decir que la sensación es de bastante turístico. Para entrar en la aldea pagamos 20 Birr y no dejaron de ofrecernos diferentes artesanías. Cuando visitamos la cabaña donde ellos cocinan hice un gesto que entendió mal y la señora mayor se puso a imitar como si estuviera moliendo grano. Una decepción que no acabaría aquí.

Al llegar a “nuestra aldea” nos enseñaron como sacan leche de la hoja de palmera falsa, que dejándola fermentar durante 3 meses entre unas hojas y en el suelo consiguen queso para después hacer una masa que nos ofrecieron para probar con dos exquisitas salsas, de chili y de miel. Podría comerlo a diario.

La idea de poder dormir, siempre acomodado para el turista, donde ellos duermen y compartir tiempo con los nativos del lugar es una experiencia enriquecedora.

Lo mejor del lugar fue la hospitalidad de las personas que viven ahí.
  
Cabañas donde dormimos, acomodadas con una cama.

El guía se fue a hacer sus quehaceres y tuvimos unas horas de relax. Dejé las cosas en mi habitación y me fui al “patio” central donde jugaban 3 niños animadamente. Cogí una rama de eucaliptos y la lancé hacia el cielo, acto seguido los tres niños salieron disparados a cogerla, me la dieron y volví a repetir la acción. Estuvimos jugando más de 15’, me agradó ver como con una cosa tan simple nos lo pasamos genial los 4.

Un rato antes de cenar fuimos a la discoteca etíope  un lugar donde la felicidad se veía. Era una casa de hormigón con música estridente muy alta, algunas sillas y 2 sombrillas, donde los nativos bailaban como si se fueran a romper y bebían el licor etíope y la cerveza etíope. Otra experiencia inolvidable.

Los chicos que trabajan/viven en esa aldea también fueron muy agradables, nos prepararon una cena increíble con espaguetis, salsa de tomate, zanahorias hervidas, patatas hervidas, cebolla, una especie de remolacha, pan e injera que para estar donde estábamos, era impensable.
Después de cenar, me quedé en el recinto central mientras ellos charlaban, bromeaban y bebían lo que yo llamo el orujo etiope. Una bebida extremadamente fuerte que me recuerda al orujo español.
No tardé en unirme a la diversión y al final terminé hablando por un teléfono que me pasó uno de los chicos, con Belén, una chica de Madrid que estaba en Etiopía haciendo de voluntaria, después se iba a Kenia para volver a España, hablando de los problemas en España y en Etiopía, que tanto ellos como yo pensamos que nuestros países tienen el mismo problema, los políticos.

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