domingo, 4 de noviembre de 2012

Etiopía, conociendo a las tribus del valle del Omo. 6


Turmi a Arbaminch – 440km - 6 horas

El día anterior decidimos terminar con el viaje contratado. Nos quedaban 4 días enteros pero el agobio de la población en general de Etiopía nos hizo reestructurar nuestras vacaciones, y lo que teníamos claro es que no íbamos a dejar que unos “impresentables” que en los años 80 sufrieron una gran sequía y en consecuencia hambruna con un gran número de muertes, nos arruinaran nuestras vacaciones. Esas que tanto nos cuesta disfrutar cada año, tanto económicamente como por tiempo. Quiero justificarles que debido a esa hambruna intentan enriquecerse a marchas forzadas con las personas pertenecientes a los países que les ayudaron en esa época.



Nuestra decisión fue tomada porque con todas las personas que nos cruzamos o tuvimos contacto se les notaba cierto interés económico o personal. Llegados a este punto tengo que aclarar unas cuantas cosas que son necesarias para entender en la manera de lo posible nuestros motivos.

Cuando leo opiniones en los foros, blogs, Tripadvisor, sobre viajes, hoteles, países, siempre pienso bueno, tal vez son personas que viajan con todo contratado y esperan un servicio no adecuado al dinero pagado, es decir, que pagan poco y esperan más, al igual que las habitaciones de hotel, si vas a África y pagas 10€ por una habitación o incluso 30€, no esperes lujos, ni siquiera agua caliente, habitación limpia o baño limpio, sin pulgas o mosquitos, es África y si deseas esos “lujos” prepara 100 o 200€ por noche. En otra medida pero parecida para Asia, si quieres calidad, págala, no esperes que por 10€ vas a tener tv por satélite o que te cambien las sábanas a diario y te limpien la habitación a diario. Todas estas comodidades las puedes exigir en Europa o América del Norte, e incluso en algunas capitales de América del Sur.

Para poder hacerte una buena idea de la opinión que la persona ofrece, te puede ser de ayuda conocer mínimamente a esa persona y su manera de viajar. Así que os informaré un poco sobre mí.

He viajado por más de 30 países. En los 5 continentes e incluso en islas cercanas a la Antartida. La mayoría por libre, por ejemplo en Europa, Dinamarca, Holanda y sus islas, Alemania, Italia, Francia, Luxemburgo, Austria, en interrail, en coche o en transporte público. En América del Sur por libre, Chile, Argentina, y organizado por Costa Rica, obligado para el buceo en Cocos, Honduras, Ecuador obligado para el buceo en Galápagos y alpinismo con guía. Caribe por libre, Cuba en bicicleta, República Dominicana. África por libre, Marruecos 2 veces, tanto Toubcal como Marrakech, Tanzania, que fue obligatorio contratar guía, porteadores y cocinero para subir al Monte Meru y al Kilimanajaro, sin contar ahora Etiopía, y organizado a Ruanda. Por Ásia por libre, Vietnam en bicicleta, Tailandia, Singapur, Indonesia, y finalmente por libre en Nueva Zelanda por dos veces, en bicicleta y en autocaravana.
Después de esta presentación que el único motivo es que entendáis lo que escribiré en el siguiente párrafo, el motivo de mi opinión sobre Etiopía, y que ni voy siempre por libre ni voy siempre con todo contratado, que soy bastante flexible y que se como se viaja en cada caso.

Los etíopes ven al hombre blanco como una hucha con patas, como diría mi amigo David. Nunca antes había acusado tanto esa sensación, ni en Marruecos ni en Tailandia  que podían ser los destinos donde más hucha te puedes sentir. La exageración con que te intentan robar es descarada. No sé si me hubiera gustado más que me atracaran directamente para poder reclamar algo al seguro. Algunos ejemplos.

Visita a las tribus, entiendo que hay que pagar por visitar la tribu, ya lo explique anteriormente, pero el robo del guía local que nunca aparece no tiene justificación alguna. En Jinka fueron 200Birr, poco más de 8€. Nunca apareció. En los mercados entre 100 y 150Birr, que nunca aparecieron. Curiosamente mi hermano expresó lo que todos pensábamos y los “pobres” etíopes, en concreto el guía, que también habrá después para él, se quedaron blancos. Después de esa queja, nunca más tuvimos que pagar ni por el guía local ni por las entradas a los mercados, que también te dicen que hay que pagar y realmente no hace falta.

Otra cosa que me pareció increíble fue pagar por visitar aldeas y casas de gente local, que nos vendieron como si fueran tribus, que después hemos entendido que son aldeas de gente trabajadora y con pocos recursos a los que ellos denominan tribus, ni tribus ni tribas. El caso donde nos dimos cuenta fue en una aldea, entramos y como siempre aparecieron con sus caras sonrientes imagino que es como si alguien entra en tu casa y sabes que te va a dejar lo que tu deberías ganar en una semana.
Continuamos visitando la aldea y entramos en una choza donde no vivía ninguna cara sonriente que nos vino a saludar y donde una mujer mayor estaba junto al fuego, después de la explicación salimos y el guía nos dijo que le soltáramos 20 Birr. Quisimos imitar a la primera aldea al salir de Arbamich, que nos dijo el guía que le diéramos el dinero dentro de la casa. Primero la señora no entendía para que tenía que entrar otra vez en su casa, nos costó unos minutos para que entrara aún así entró sin saber porqué.
Una vez dentro le dimos el dinero y la señora lo miraba flipando sin saber que hacer y sin cogerlo, con gestos se lo ofrecíamos y al final lo cogió y flipó aún más de que le diéramos dinero!!!!! Salió y empezó a enseñarlo a el resto de la gente que vivía en esa casa, hasta que el guía le hizo un gesto que ella entendió perfectamente y guardó el dinero, bajo las caras sorprendidas de los demás.
Seguimos visitando otras casas, donde se montó un circo y nos pusieron a un niño que decían que era el herrero,  que hacía pulseras y demás historias. El guía explicaba ya ni me acuerdo ni quiero recordar al ver la farsa, y me dijo que le diera 50birr, poco más de 2€. Paso algo similar, me acerqué y el niño no sabía porque le extendía la mano con dinero, le tuve que coger la mano y ponerle los billetes. Tendríais que haber visto esa cara de sorpresa, vamos como cuando un niño llega a su casa y le han formado una fiesta de cumpleaños aunque su cumpleaños no sea hasta dentro de 5 meses, resumiendo, que no se lo espera.

Después del pago por entrar en la aldea, que el “jefe” de la aldea ya tiene más que asumido ese dinero, reflexioné sobre algo que comenté los primeros días, ¿Por qué toda la población pide dinero?
He llegado a la conclusión de que la población es algo austera, y más con los hombrecillos blancos, una manera de que los tour operadores, guías y demás fauna que ronda alrededor del turismo, y no quiero generalizar, ya que ni a todos los guías ni a todos los tour operadores se les puede llamar fauna, consigan aumentar sus arcas de manera considerable es “comprando” a la población, ofreciendo dinero por cualquier cosa.
Debo reconocer que es ingenioso y algo que me hace feliz es que ellos solitos se van a cargar a su “gallina de los huevos de oro”.

Continuando con los engaños, esta vez el guía, no justificable a toda la población.
El guía bebía cervezas y comía  a nuestra costa. Me di cuenta en un local donde pedimos 4 coca-colas, esta vez tenía el estomago mal y bebió cola. Siempre pedía cerveza y a la hora de pagar el se levantaba, hacía que pagaba al del local, habiendo intercambio de billetes y todo y luego pagábamos nosotros. En el local en cuestión, el guía se levantó e hizo como que pagaba su refresco, luego nos trajeron la cuenta y sumaba un total de 40 Birr. Hasta donde yo se, 40 no se puede dividir entre 3 a no ser que sea con decimales, y los etíopes no usan los santims que serían nuestros céntimos, aunque siguen en circulación según wikipedia. Yo no pude ver ninguno, ni precio en ningún lado con decimales. Solo usan números enteros, además el local está en poblaciones que no hay ni Internet, ni agua corriente, ni luz…resumiendo, pagamos cada refresco a 10 Birr, es decir los 4.
Al final ya ni se molestaba en imitar el pago de su consumición, supongo que no en todos los locales podía recuperar ese dinero.
El caso que más me crispó fue la última noche, cuando solo nos quedaba un día más para llegar a Addis Abeba
Nos informó que Osman, su jefe en Sora Tours, le indicó que él se quedaba en Arbaminch, donde hay aeropuerto, con varias frecuencias semanales, para recoger a otro grupo. Pues bien, empezó a pedir cervezas una tras otra, él y el conductor, entre los dos sumaron 7 cervezas!!!! Esta vez actuamos como ellos y de la propina propuesta le descontamos las cervezas.

Otra más que hacía era crear problemas y dar soluciones.
Teníamos que llegar a una agencia de Ethiopian Airlines antes de las 17:30 que cierran la oficina para poder adelantar los billetes para el norte. Pues a las 16:15 se pone a hacer llamadas y llamadas, nos preguntaba horarios, días y destinos. Después de 20’ “solucionó” lo que parecía un problema, que no íbamos a llegar a tiempo. Casualmente en 5’ más llegamos a la ciudad…
Nos contó un rollo de horarios haciéndonos un lío. Todo el viaje hablábamos en hora europea, pues bien para los billetes nos empezó a decir hora etíope  mezclada con europea, menos mal que sabíamos los horarios para el norte y por la tarde no vuelan, que fue donde nos dimos cuenta del rollo que nos estaba montando.

Dicho esto, de Turmi a Arbaminch se tarda 6 horas por carretera, el día duro es de Arbaminch a Addis Abeba que se tarda 9-10 horas del tirón.

Aquí acabó nuestro viaje a Etiopia, de los 21 días de vacaciones que íbamos a estar aguantamos 7, más 2 de llegar a la capital y 1 de volar al país vecino. Nos sobraron 2. Si alguien piensa que es mala suerte, no lo es. Al principio miraba y juzgaba a los turistas que veía que los tratan como monos de feria. Se adornan para la ocasión, se colocan donde les dicen, los ves en los márgenes de la carretera haciendo el mono, dando saltos, subiéndose a cualquier cosa para hacer el babuino o lo que les venga a la cabeza. Pues bien, ahora pienso que tienen lo que se merecen, me arrepiento yo de no haberlos tratado como ellos quieren ser tratados, como bufones de un reino destinado a perecer turísticamente.

Que ingenuo que los intentaba tratar como personas, me molestaba en intentar entender sus costumbres y relacionarme, diferenciándome del turista, intentando ser un viajero que hace una incursión en sus tierras pacíficamente.

La suerte es que decidimos hacer algo que tenía planeado desde hace algunos años, un safari en Kenia, coincidiendo además con el fin de la gran migración, cuando el Serengueti se seca y los animales atraviesan el río Mara para llegar al Masai Mara, donde empiezan las lluvias, los pastos se vuelven verdes y estalla la vida.

Esta escapada a Kenia la contaré como otro viaje. En un futuro.

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